![]() | Ha amenazado con sacar los tanques a la calle, orquestado la inhabilitación de opositores, prometido que dejaría a dos velas a las gobernaciones que pierda su partido, jurado que meterá preso al gobernador del Zulia… Hugo Chávez no se presenta a las municipales y regionales del próximo domingo, pero está metido de lleno en la campaña. Con su habitual estilo, mezcla de desvergonzada alharaca y matonismo tabernario, y sus acostumbradas artes cisorias: poner los recursos del Estado al servicio de sus intereses partidistas.
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– 25 de abril de 1999: referéndum consultivo a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.– 25 de julio de 1999: elección de los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente.– 15 de diciembre de 1999: referéndum aprobatorio de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.– 30 de julio de 2000: primeras elecciones presidenciales, parlamentarias y regionales de la República Bolivariana de Venezuela.– 15 de agosto de 2004: referéndum consultivo sobre la revocación del mandato del presidente de la República.– 31 de octubre de 2004: elecciones regionales, a alcaldías y gobernaciones.– 4 de diciembre de 2005: elecciones parlamentarias, a la Asamblea Nacional, al Parlamento Latinoamericano y al Parlamento Andino.– 3 de diciembre de 2006: elecciones a la Presidencia de la República.– 2 de diciembre de 2007: referéndum consultivo sobre la Reforma de la Constitución.
De ahí una aparente paradoja: mientras la opinión pública se decanta mayoritariamente por el partido de los que no toman partido, Venezuela se ha convertido en el paraíso de la hiperpolítica. Es decir, mientras una mayoría de venezolanos es políticamente anoréxica, las actuaciones del Gobierno y de todos los partidos, oficialistas y de oposición, son desatadamente bulímicas. Si antes de Chávez la política era percibida por un número considerable de venezolanos como un juego de poder divorciado de los intereses y problemas reales de los ciudadanos, con Chávez éstos han visto cómo todas las parcelas de sus vidas adquieren sentido político. Este es el contexto, por sólo citar un ejemplo de hiperpolitización, en el que Chávez ha desplegado su discurso guerracivilista, que ha sido una constante desde su primera elección. Dividir a los venezolanos en buenos y malos según su pertenencia a determinados colectivos o clases sociales ha resultado ser una herramienta muy útil para un dirigente que busca mantener a la sociedad permanentemente movilizada y en estado de alerta. Como buen populista que es, Chávez ha comprendido que su peor enemigo es el desafecto de los venezolanos hacia la política, un desafecto que en el pasado le permitió a él, precisamente, acceder al poder.Esta práctica constante de la democracia callejera ha convertido a Venezuela en lo que sólo puede describirse como una hiperdemocracia, un Estado en el que las pasiones políticas gobiernan y ninguna de las partes parece capaz de proponer soluciones responsables. Venezuela atraviesa una terrible crisis política, pero no por falta sino por exceso de democracia. Venezuela vive un experimento político en el que se ha puesto en práctica una concepción mesiánica de la democracia a través del orden jurídico, y en el cual las clases populares, hoy convencidas de que la participación política se traduce en salvación, gobiernan directamente con y a través del presidente, evitando todas las demás instituciones salvo, tal vez, el ejército. Como lo puede afirmar cualquier taxista de Caracas, con Chávez gobierna el pueblo. Carl Schmitt habría aplaudido.
La dureza de la campaña de Chávez no es para suspender las elecciones sino para que tengan lugar, pero en el contexto de mayor crispación, de mayor tensión e incertidumbre. Sus provocaciones no son para suspender las elecciones sino para crear el clima que él considera más favorable: el de la repolarización del país (ya bastante atenuada en sus peores expresiones de violencia física, sobre todo en los sectores populares, porque la clase media sigue muy enconada). Recoger el electorado que se le escurrió entre los dedos el 2-D requiere, en su óptica, crear el ambiente de: "Síganme los míos, que los enemigos me quieren matar", para despertar el reflejo condicionado: "Estoy tibio con el comandante, pero si se trata de su vida, vamos otra vez con él".
"Se dice". Venezuela es un país opaco, por decirlo de algún modo. No abundan las encuestas de opinión e intención de voto, y las que se publican son escasamente confiables. Ésta es, además de la más reciente, relativamente seria. Hay 45 municipios en los que la alternancia es posible, y 14 ciudades importantes que los candidatos de la oposición aspiran ganar. Pero a menos de una semana de los comicios, todas las quinielas parecen posibles. Hasta algún instituto de opinión se atreve a predecir una marea roja, un aplastante triunfo de los candidatos oficialistas. Pero la incertidumbre acerca de las predicciones de voto refleja también el hecho de que ni los candidatos opositores ni los analistas políticos hayan podido ponerse de acuerdo en qué supondría un triunfo de éstos o una derrota para el Gobierno. Eso sin contar con el hecho, también novedoso, de que en más de un estado el oficialismo aparece dividido. Esta es la buena noticia de las elecciones regionales: el chavismo, compuesto por grupúsculos y facciones más o menos bien amalgamados en el oficialista PSUV, comienza a resquebrajarse.Entre las gobernaciones, podrían contarse las de Miranda, Carabobo y Zulia, es decir las más importantes. Si ese fuera el resultado, sería magnífico: la oposición retornaría a centros de acción e iniciativa política, como gobernaciones y alcaldías (varias de las capitales de estados pueden ser ganadas), y eso la fortalecería significativamente. Desde luego, entraríamos en otra zona de conflicto: la que crearía la existencia de gobernaciones no chavistas (…) y la intención de Chávez de superponer sobre las gobernaciones unas llamadas autoridades regionales, nombradas por él, a semejanza de los gauleiters que Hitler encaramó sobre los gobiernos de los länder alemanes o de las autoridades que Putin colocó encima de los gobiernos elegidos en los 89 miembros de la federación rusa.
Victorias opositoras en casi la mitad de los estados acabarían con el esquema hegemónico de Chávez. Como quiera que, tras su derrota del 2-D [el referéndum que puso fin al deseo de Chávez de perpetuarse en el poder merced a la figura de la "reelección indefinida"], Chávez tiene "fecha de vencimiento" en 2012, la lucha intestina entre el chavismo no puede sino tener carácter sucesoral. Es posible que a ello siga un período de gran turbulencia política. Un nuevo mapa político es, pues, inminente en Venezuela a partir de noviembre.
El presidente Chávez ha insistido en darle un carácter plebiscitario a las elecciones regionales, entre otras razones, porque percibe la debilidad de los candidatos de su partido, por lo muy poco que tienen que mostrar en cuanto a obras y acciones concretas de gobierno en la casi totalidad de las alcaldías y gobernaciones que controlan. Los resultados habrá que leerlos entre los candidatos adeptos al presidente y quienes no están de acuerdo con él. El país está dividido en dos mitades, entre quienes apoyan y se oponen al presidente. Esta realidad por primera vez se reflejará en cuotas concretas de poder. Creo que (…) la oposición obtendrá aproximadamente la mitad del voto popular, y ganará entre un cuarto y un tercio de las gobernaciones, pero las más importantes del país.