![]() | La izquierda ricacha y bandarra se ha comprado un indio, Evo Morales Ayma, porque no es un negro del top manta y porque le hace ilu y no salpica ver cómo el cholo de la chompa hace de Bolivia un país aún más miserable, que todo es posible en América.
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Evo es indio, ¡bien!, Evo fue pobre, ¡bien bien!, Evo es y fue y será antiyanqui hasta las bascas, ¡bien bien bien! Como muestra, un botón, esta entrevista abracadabrante que Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa deberían colocar como colofón de su impagable Manual del perfecto idiota latinoamericano. Morales, marxista-leninista confeso, mitómano del Che y Fidel Castro, invoca a Ho Chi Minh cuando en Vietnam corren que se las pelan hacia el capitalismo salvaje: es lo que tiene, estar en sintonía con el signo de los tiempos."Evo tiene un hombre de oro que se encarga de cuidar sus secretos de polleras". Lo dijo una sola vez y sin entrar en muchos detalles un ex asesor de campaña mientras arrancaba con sus dientes una aceituna de un mondadientes en una reunión concertada exclusivamente para hablar de las intimidades del primer mandatario. Estaba de paso por Santa Cruz cuando arrojó ese dato que es guardado celosamente entre los pocos allegados políticos que tienen el privilegio de enterarse de las andanzas amorosas de Evo Morales Ayma, que, según el ex asesor, es probable que haya tomado la decisión de cuidar su imagen después del escándalo que le provocó en plena campaña electoral del 2005 el juicio que le inició Francisca Alvarado (33), que a través de los estrados judiciales hizo saber que Morales la había embarazado y [se había] negado a cumplir su papel de padre: reconocer a Eva Liz, su hija que el 24 de septiembre de 1994 nació en Curaguara de Carangas, en la provincia de Sajama, frontera con Chile, y a darle una pensión para cubrir los gastos de estudios y alimentación. Como es de suponer, aquel problema de faldas fue utilizado por sus oponentes que, al igual que él, estaban interesados en colocar sus nalgas en la silla presidencial después de las elecciones nacionales del 18 de diciembre.
(...) Evo no necesita regalar ramos de flores para tirarse a buenas hembras. "Muchas mujeres lo ven simpático y admiran su porte viril de hombre altiplánico, reconocen que tiene unas piernas de Ronaldhiño [sic] y unos gruesos hombros de amante de primer mundo".
(...) A principios de 2006 acudió a Villa Tunari para inaugurar un hospital de segundo nivel. Aquella vez, un grupo de enfermeras entradas en edad que se habían instalado a un costado del palco desde donde Morales le hablaba al público, empezaron a gritar su nombre: ¡Evo, Evo! El mandatario las miró y emocionado dijo: "Un gran saludo para mis suegras". Minutos después, cuando estaba hablando de las frutas que se producen dentro del programa de Desarrollo Alternativo, volvió a referirse a ellas, y les dijo que cuando él dijo que la banana es buena para la salud, no lleguen a pensar que se está refiriendo a la otra banana, (a la del hombre) [sic: sintaxis new wave].
A Evo lo recuerdan también en otros escenarios. Las putas de Chapare no tienen buen concepto de él. Las más antiguas de los baldes rojos, que eran las capitales oficiales del placer mientras en el interior de aquel bosque húmedo los cocaleros y los militares se sacaron la madre por casi 20 años, han hecho correr la voz de que es tacaño, incapaz de comprar cerveza ni siquiera para él, peor para ellas. Por eso, cuenta Katita, (ese es su nombre artístico), una de las trabajadoras sexuales de mayor trayectoria en el rubro, que cuando lo veían llegar con su caminar de play boy empírico [¿sic? ¡Uf!], a veces con su pantaloncito jean de varios días y su chamarrita azul de todos los tiempos, las trabajadoras sexuales se hacían las que no lo veían, esquivándolo porque sabían que no era un cliente de billetera blanda y que regateaba hasta lo último el precio de un polvo escupido con escaso romance en esas cuevas pequeñas construidas en fila india, donde apenas había campo para un catre de una plaza, y una silla enana que servía para colocar un balde con agua para que el hombre se lave sus intimidades después del acto amatorio que se ejecutaba en un dos por tres.
Es que Evo tenía motivos serios para regatear el servicio de las prostitutas: a pesar de que era dirigente de los cocaleros, sus bolsillos apenas guardaban el suficiente dinero para comer y transportarse por las sendas de Chapare.