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11 de Mayo de 2009

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ESTADOS UNIDOS

Obama entre caudillos

Por Daniel Morcate

Ardo en deseos de ver por dónde tira por fin la política del presidente Barack Obama hacia nuestros vecinos latinoamericanos más prepotentes, irascibles y revoltosos. Porque hasta ahora lo que mejor se le conoce a esa política son las buenas intenciones.
Del presidente hacia abajo, en Washington lo llaman engagement. Y lo mismo parece incluir las ofertas de diálogo a enemigos furibundos de lo norteamericano, como los hermanos Castro, que sesiones de fotografía con el autócrata venezolano Hugo Chávez y presentaciones de libros en la embajada norteamericana en Buenos Aires sobre Ernesto Che Guevara, la Evita de los cubanos castristas. No me sorprendería que, a ese paso, la política se extienda para mostrarnos a Jeffrey Davidow, asesor de Obama para América Latina, mascando hojas de coca con Evo Morales en el altiplano boliviano o a Hillary Clinton bautizándole los hijos al cura que preside Paraguay, Fernando Lugo.

Creo sinceramente que si Obama mantiene su estrategia latinoamericana en ese plano, entre lúdico y travieso, tal vez haga menos daño al progreso hemisférico que si llegara a tomarse en serio las pretensiones de los caudillos atrabiliarios que hoy por hoy rigen los destinos de un tercio de los latinoamericanos. Y es que si algo quedó claro en el sarao que se celebró en Trinidad y Tobago bajo el nombre rimbombante de Quinta Cumbre de las Américas es el profundo desencuentro entre los presupuestos políticos de esos caudillos pendencieros y los ideales de democracia, libertad y prosperidad que promueve Estados Unidos, ideales que como pocos simboliza su primer mandatario afroamericano.

Rafaek Correa y Hugo Chávez.Los asesores de Obama aseguran que, mediante el engagement o compromiso, el presidente quiere contagiar a los hombres fuertes latinoamericanos el respeto a las instituciones democráticas, las libertades individuales y los rivales políticos que en buena lid les disputan el mando. Difícil imaginar objetivos más nobles. El problema de fondo es que los caudillos como Chávez, Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, entre otros, no ven el compromiso bajo el mismo prisma constructivo, sino como una oportunidad de convencer a Washington para que consienta y aplauda el gradual desmantelamiento de la democracia y la liquidación de las libertades en sus respectivos países. Para ellos, el modelo es la satrapía castrista, a la cual no se cansan de ensalzar e imitar, con los inevitables matices que les imponen los tiempos que corren.

Cuando los caudillos reclaman a Obama "respeto a la autodeterminación" no le están pidiendo que respete la libre voluntad de los pueblos para escoger a sus líderes en ejemplares procesos democráticos: le están pidiendo más bien que se calle y mire al otro lado mientras amañan elecciones, disuelven congresos, proscriben partidos de oposición, intimidan a periodistas y manipulan constituciones para atornillarse en el poder. Cuando le exigen que acepte a la dictadura castrista en la comunidad de naciones interamericanas le están exigiendo que acate sin chistar sus propios planes autocráticos. Y cuando le exhortan a dejar de apoyar a gobiernos "oligárquicos" le están exhortando a que les permitira alentar impunemente movimientos desestabilizadores como las FARC y Sendero Luminoso en democracias vecinas.

Obama y sus asesores tendrán que aprender a navegar por las turbias aguas del doublespeak latinoamericano si desean trazar una política sensata y humanista que evite las complicidades con la nueva hornada de caudillos y estimule a quienes en sus países se esfuerzan pacíficamente por restaurar la democracia y la convivencia pluralista. Si lo logran, se expondrán a trilladas descalificaciones personales por haber "abandonado" o "ignorado" a Latinoamérica. Pero ya para entonces habrán entendido que eso también es parte del lenguaje orwelliano de los caudillos y de muchos otros latinoamericanos que les hacen el juego.


© AIPE

DANIEL MORCATE, periodista cubano.
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