![]() | En la Convención Nacional Demócrata salió a colación varias veces el legado de John F. Kennedy. Pero lo mismo habría que preguntarse si, de contarse entre nosotros, JFK se consideraría siquiera demócrata.
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Que todas las naciones –nos quieran bien o mal– sepan que pagaremos cualquier precio, soportaremos cualquier carga, afrontaremos cualquier dificultad, apoyaremos a cualquier amigo, nos opondremos a cualquier enemigo, con tal de asegurar la supervivencia y el triunfo de la libertad.
Es una verdad paradójica que los tipos fiscales son muy altos y la recaudación fiscal muy baja, y que la manera más saludable de subir ésta a largo plazo pasa por bajar aquéllos hoy, como lo demuestran la experiencia de Japón y de buena parte de Europa... y la de los recortes fiscales aplicados en nuestro país en 1954. Y es que sólo el pleno empleo puede equilibrar el presupuesto, y los recortes fiscales pueden allanar el camino hacia dicho objetivo. El fin de los recortes fiscales no es incurrir en déficit presupuestario, sino conseguir hacer de la nuestra una economía más próspera y floreciente, que nos permita disfrutar de superávit presupuestario.
Unos impuestos más bajos estimularán la actividad económica y, así, empujarán hacia arriba los ingresos de las personas y las empresas, lo cual redundará en una mayor, y no menor, recaudación pública.
Nuestro sistema tributario sigue desviando del sector privado un porcentaje muy elevado del poder de compra de los individuos y las empresas, y reduce el incentivo al riesgo, la inversión y la iniciativa, con lo cual aborta nuestra recuperación y sofoca nuestro ritmo de crecimiento.
Una rebaja tributaria significa más renta en manos de las familias, más beneficios para las empresas... y un presupuesto federal equilibrado. Tras pagar sus impuestos, los contribuyentes y sus familias dispondrán de más dinero para comprar un coche nuevo, una casa, lo que les parezca; o para invertir, o para dedicar a la educación. En cuanto a los empresarios, podrán conservar un porcentaje mayor de sus beneficios e invertirlos en mejorar o expandir sus compañías. Dado que los ingresos nacionales crecerán, el Gobierno federal acabará, en última instancia, recaudando más.
La comunidad negra no quiso cuotas laborales para compensar la discriminación pasada. Lo que creo que les gustaría a los negros es ver a sus hijos bien formados, para que puedan tener trabajo (...) y verse aceptados como miembros iguales de la comunidad (...) No creo que podamos deshacer el pasado. De hecho, el pasado nos va a acompañar durante muchísimos años en forma de hombres y mujeres que perdieron su oportunidad de tener una formación decente. Hemos de hacerlo lo mejor que podamos. Y eso es lo que estamos intentando hacer.
Creo que es un error empezar a asignar cuotas en función de la religión, la raza o la nacionalidad (...) Por otro lado, creo que tendríamos que hacer un esfuerzo por dar a todo el mundo la oportunidad que se merece, pero no a través de un sistema de cuotas, sino examinando nuestros registros de empleo, las áreas en que se está contratando gente, y asegurándonos de que al menos estamos dando a todo el mundo una oportunidad. Pero no mediante cuotas inflexibles e intocables (...) Estamos demasiado mezclados, en esta sociedad nuestra, como para empezar a dividirnos según el color o la raza.