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ESTADOS UNIDOS

¿Es América islamófoba?

La revista Time llevaba esa pregunta en la portada de uno de sus números del pasado agosto; en el mismo número, en páginas interiores, podía leerse un reportaje que, basándose en pruebas circunstanciales, invitaba a responder de manera afirmativa. La historia que nos cuentan los datos del FBI es bien distinta.


	La revista Time llevaba esa pregunta en la portada de uno de sus números del pasado agosto; en el mismo número, en páginas interiores, podía leerse un reportaje que, basándose en pruebas circunstanciales, invitaba a responder de manera afirmativa. La historia que nos cuentan los datos del FBI es bien distinta.

"Hay indicios de que la hostilidad y el recelo ganan terreno en cuanto el americano medio topa con el islam", contaba Time en ese número a sus lectores. Y añadía:

Hoy, ser musulmán en América implica tener que soportar cómo se lanzan dardos envenenados contra tu fe no sólo en el patio de tu colegio o en tu oficina, también en los exteriores de tus lugares de culto y en el espacio público, pues algunos de los más poderosos líderes políticos y religiosos mezclan, inadvertida o –lo que es peor– conscientemente, islam con terrorismo y barbarie.

Time publicaba este texto en pleno revuelo por los planes para erigir una mezquita y un centro cultural islámico en las inmediaciones de la Zona Cero, y no mucho después de que un pastor marginal de Gainesville anunciara que quemaría ejemplares del Corán en el aniversario de los atentados del 11 de Septiembre. Time destacaba que había otro puñado de proyectos de construcción de mezquitas confrontando una "enconada oposición", y se hacía eco de las palabras de un profesor de la Universidad de Duke, para el que esas muestras de resistencia formaban parte de "un patrón de intolerancia" contra los musulmanes americanos. Con todo, la revista reconocía que no había la menor evidencia de un auge de la violencia antimusulmana, y que en EEUU la islamofobia ni siquiera se acercaba a los niveles registrados en otros países.

De hecho, apuntaba la propia Time, si bien puede suscitar controversia la construcción de tal o cual centro islámico, lo cierto es que en Estados Unidos hay 1.900 mezquitas, 700 más de las que había en 2001. Es decir, que incluso tras el 11-S, y mientras los islamistas siguen teniendo en la mira a los americanos, las mezquitas proliferan en EEUU. Además, cada vez que el prejuicio antiislámico ha hecho acto de presencia los distintos grupos cristianos, judíos y laicos se han apresurado a condenarlo (un ejemplo de ello lo encontramos en el repudio general al pastor de Gainesville).

América puede ser muchas cosas, pero, sin la menor de las dudas, no es islamófoba. "Los sondeos demuestran que la mayoría de los musulmanes se sienten más seguros y libres en Estados Unidos que en ninguna otra parte del mundo occidental", afirma la propia revista Time.

Este dato se ve claramente respaldado por las estadísticas sobre delitos de odio que acaba de difundir el FBI. Según los datos recogidos por más de 14.000 centros oficiales, en 2009 se registraron 1.376 delitos de ese tipo motivados por razones religiosas. Los musulmanes fueron las víctimas en sólo un 9% de los casos. En cambio, los judíos lo fueron en el 70%. Es decir, que por cada delito motivado por odio antiislámico se cometen ocho de orden antisemita.

Año tras año son los judíos que lideran este triste ranking. También lo hicieron en 2001, el peor, con gran diferencia, para los musulmanes, que fueron víctimas en 481 ocasiones, muy lejos de los 1.042 episodios de antisemitismo registrados en ese mismo ejercicio.

¿Quiere esto decir que América es un vivero de antisemitismo? ¿Se hubiera acercado más a la realidad la revista Time si hubiera copado su portada con la pregunta "¿Es América judeófoba?"?

Por supuesto que no. Un solo crimen de odio ya es mucho, pero lo cierto es que, todos ellos juntos, no representan absolutamente nada en términos estadísticos: recordemos que la nuestra es una nación con 300 millones de habitantes. No voy a quitar importancia a los 964 delitos de odio antisemita perpetrados el pasado año, ni a los padecidos por musulmanes (128), católicos (55) o protestantes (40). Algunos de ellos fueron especialmente impactantes o destructivos, y sus autores deben ser castigados. Pero, sin duda, la conclusión más evidente de las estadísticas del FBI es la de que los delitos de odio motivados por cuestiones de índole religiosa son harto infrecuentes.

Hace unos años publiqué una columna en la que escribí que América ha sido para los judíos "un puerto de acogida sin apenas parangón". Pues bien, lo mismo ha sido para los musulmanes. Por supuesto, a veces surgen la tensión y la hostilidad, pero ¿cómo no iban a surgir, si América está en guerra con violentos yihadistas que han hecho tremendo daño en nombre del islam? Pero la tensión y la hostilidad antiislámica –o antijudía, o anticristiana– son la excepción, en esta tierra en que la tolerancia ejemplar es la norma.

 

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