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BRASIL

El país con las mayores desigualdades

Ahora que le han untado maquillaje, mejorado el peinado y enseñado a sonreír, Dilma Rousseff tiene encandilados a los brasileros. Empiezan a compararla con Evita.


	Ahora que le han untado maquillaje, mejorado el peinado y enseñado a sonreír, Dilma Rousseff tiene encandilados a los brasileros. Empiezan a compararla con Evita.
Dilma Rousseff.

Rousseff nunca ha ocupado un puesto elegible, pero ha sido el brazo derecho de Lula, su coordinadora. Una eficiente burócrata de escaso carisma. La candidata a suceder a Da Silva al frente del Brasil es una marxista graduada en la facultad de los guerrilleros comunistas, y se estima que se abonará al socialismo light de su mentor.

La Evita brasilera tiene que igualar o superar a su predecesor. Para hacerla popular están dando rienda suelta al mesianismo presidencial con el incomparable poder que ofrece el estado.

¿Qué hizo la coordinadora? Casi nadie lo sabe, pero está recibiendo parte del crédito económico obtenido por Lula. Crédito obtenido en el país en que mayor es la brecha entre los que tienen y los que no. El éxito social del que se ufana Lula se debe a que millones de campesinos emigraron en los últimos años a las ciudades, donde encontraron oportunidades laborales que les sirvieron para mejorar su nivel de vida.

Según se reveló en el Quinto Foro Urbano Mundial de la ONU, celebrado en Río de Janeiro en marzo, América Latina se ha convertido, ahora que la gobiernan los progres, en la región más desigual del mundo. La pobreza no ha parado de crecer, y ya afecta a 127 millones de latinoamericanos; al 29% de la población urbana y al 50-60% de la rural.

El informe emitido entonces indicaba que Brasil es el país menos equitativo de la región: allí, la mitad de la riqueza está en manos del 10% más pudiente, mientras que los más pobres no llegan a manejar un 1% de la misma (concretamente, el 0,8%). Así que Brasil es el país más desigual de la región más desigual. ¡Felicidades a Lula, al socialismo y al Partido de los Trabajadores! ¡Brasil es campeón!

En las últimas dos décadas, el índice Gini de América Latina ha subido 0,03 puntos: del 0,55 registrado en 1990 al 0,52 de 2008. El único país latinoamericano que experimentó una notable reducción de las desigualdades en ese período fue Venezuela; lo que no significa que los venezolanos se volvieron más ricos, sino, por el contrario, más pobres: se igualaron en la miseria.

Brasil se enriqueció porque las izquierdas, que son las que arman los líos cuando gobiernan las derechas, no interfirieron con la libre empresa. Pero el gobierno no fomentó el avance intelectual, que es la base del progreso. En vez de gastar en educación, prometió construir estadios.

Rousseff está heredando el país de siempre, en el que las masas se contentan con fútbol y carnaval. Si las clases medias la apoyan, como sucedió con Lula, es porque temen al Partido de los Trabajadores y asumen que, si continúa en el poder, no tocará su patrimonio. Pero con éstos no hay garantías que valgan.

También hay incógnitas sobre el futuro de las relaciones diplomáticas brasileras. Las más antinaturales son las establecidas con Teherán. ¿Qué opina Rousseff de que en Irán condenen a muerte por lapidación a las mujeres acusadas de infidelidad? ¿Qué piensa del asesinato de honor de aquéllas que perdieron su virginidad antes de casarse? ¿Concuerdan esas normas con el progresismo que pregonan las izquierdas?

Habría que preguntar también a los ayatolás. ¿Qué opinan de Rousseff? Hablamos de una infiel divorciada dos veces, independiente, liberada. ¿Qué piensan del travestismo, el homosexualismo, el nudismo, de la sexualidad abierta de los brasileros? ¿Qué les parecen las tangas? ¿Se exportarán a Teherán?

Las democráticas izquierdas no parecen incomodarse en modo alguno cuando abrazan a los musulmanes radicales o a los cavernícolas bolivarianos. Al fin y al cabo, si algo caracteriza a la progresía es su disponibilidad al acomodo por conveniencia y su falta de principios.

Va a ser encantador el encuentro entre Rousseff y Ahmadineyad. Como gesto de hermandad y empatía, la próxima mandataria brasilera debería invitar a los ayatolás a disfrutar del carnaval de Río.

 

© Diario de América

JOSÉ BRECHNER, ex diputado boliviano.

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