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ECUADOR

Bananos para Irán

El otro día se reunió nuestro presidente con Arturo Valenzuela, la mano derecha de Hillary Clinton en América Latina. Cuando Valenzuela le manifestó la preocupación de Washington por las relaciones de nuestro país con Irán, Correa contestó algo que se adapta a una política exterior práctica: "Ecuador tiene la disposición de mantener relaciones de amistad con todos los países del mundo. Si eso implica venderle más banano a Irán, mejor".

El otro día se reunió nuestro presidente con Arturo Valenzuela, la mano derecha de Hillary Clinton en América Latina. Cuando Valenzuela le manifestó la preocupación de Washington por las relaciones de nuestro país con Irán, Correa contestó algo que se adapta a una política exterior práctica: "Ecuador tiene la disposición de mantener relaciones de amistad con todos los países del mundo. Si eso implica venderle más banano a Irán, mejor".
Rafael Correa.
De las palabras de Correa se desprende que nuestra relación con Irán descansa en un pragmático interés comercial. Pero ¿cuál ha sido la relación comercial con el país asiático en la última década? Entre 2000 y 2009 le exportamos por un valor promedio de 424.903 dólares anuales. En ese mismo período nuestras exportaciones a EEUU ascendieron a 4.571 millones de dólares anuales (9.930 veces más que a Irán); asimismo, vendimos a la Unión Europea por valor de 1.272 millones (2.995 veces más que a Irán); a Colombia, por valor de 508 millones (1.196 veces más); a Perú, por valor de 738 millones (1.737 veces más); a Venezuela, por valor de 282 millones (664 veces más).

Dados estos números, es difícil creer que el interés de nuestro gobierno por el régimen de los ayatolás obedezca a consideraciones prácticas como ésa de "venderle más banano a Irán". También es difícil creer que la política exterior del gabinete Correa esté libre de consideraciones ideológicas, cuando las relaciones comerciales con importantes socios comerciales, como EEUU y la Unión Europea –cuyos mercados son los más grandes del mundo–, evidentemente no son una prioridad.

Los gobiernos de Colombia y Perú sí mantienen una política exterior pragmática, de dar prioridad a las relaciones con sus principales socios comerciales. Ambos han firmado un tratado de libre comercio con EEUU, y acaban de negociar otro con la Unión Europea. Todo esto lo han hecho sin obstaculizar el comercio con países que tienen otra orientación ideológica, como Bolivia, Cuba y Venezuela.

El comercio con países con gobiernos autoritarios es uno de los pocos canales de contacto con el mundo exterior que tienen las sociedades por éstos sojuzgadas. El comercio exterior socava el control que los regímenes autoritarios ejercen sobre sus súbditos. Por eso está bien que Ecuador jamás haya roto relaciones con Irán o Cuba, y que se permita a los cubanos emigrar fácilmente a Ecuador, donde definitivamente hay más libertades civiles y mayor prosperidad económica que en la isla.

Pero para seguir comerciando con Irán no es necesario que nuestro presidente realice visitas de alto perfil a Teherán, ni que se firmen convenios entre el Banco Central del Ecuador y el Banco de Desarrollo de Exportaciones de Irán (EBDI). Así, lo único que logrará Correa es distanciarnos de nuestros principales socios comerciales. Lo que sí podría hacer el presidente sería aprovechar su relación con el gobierno iraní para manifestarle su desacuerdo con la represión que padecen los disidentes en el país asiático.


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